martes, 19 de mayo de 2009

EL ÚLTIMO MILAGRO DE GENARIN

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Son muchos los milagros que se atribuyen a Genarín, tantos que no cabrían en un solo blog, milagros que solo se cuentan a los mejores amigos en una barra de bar con una copa de orujo o cualquier otro licor espirituoso; y no son milagros antiguos, hechos en los tiempos en el que él vivió o cercanos a esas fecha, no, son milagros de hoy en día, como el de ese periodista que aprobó el carnet de conducir después de siete intentos y después de una tremenda noche de copas con un cofrade de Genarín, privaron orujo y visitaron un “cenáculo” poco recomendable, donde retozó con una cubana de abundantes carnes y generosos gestos, hasta altas horas de la madrugada. Menos mal que no se hace control de alcoholemia para examinarse del carnet de conducir.
Pero esto ya fue hace algunos años. Este año ha tenido lugar un nuevo milagro, que, no por desapercibido, no haya tenido por testigo a miles de leoneses. Os cuento.
Este año, con la primavera rabiada, no se si por el cambio climático, por el calentamiento global, o por la crisis económica, tuvimos una semana santa pasada por agua, y sobre todo el Jueves Santo. Este día no pudieron salir las procesiones oficiales con sus pasos, esas tremendas esculturas llenas de un terror propio del mejor gore, que se pasean todos los años por las calles de la ciudad, a hombros de los sufridos costaleros. Este año permanecieron en las iglesias para que la lluvia no perjudicara los barnices, las pinturas ni los maquillajes de sus horrorizados personajes. Los curas con sus vestimentas más propias de un sacerdote pagano, los papones con sus capirulos bajo el brazo, sin poder exhibirse, la tarde se les lleno de frustración.
En Genarín, cuando subimos al restaurante para celebrar la santa cena, llovía. Cuando salimos de la cena, llovía. Nos dirigimos a la Plaza del Grano con la fe que da el abundante orujo que circuló por las mesas de nuestra Sagrada Cena, sabiendo que Nuestro Padre Genarín no se olvidaría de nosotros. Bajamos nuestros pasos, se colocó la procesión, comienza a sonar la música de la banda y ... cesó la lluvia.
Con paso lento, avanzamos hasta la Plaza de San Martín. Los gritos de ¡Viva Genaro!, ¡ El Orujo al poder!, nos acompañaban, y seguía sin llover.
En la Plaza de la Catedral, mientras se oían los versos:

“Las agujas de sus torres
se peinan con los luceros.
La luna alegre y morena
en sus veletas de acero,
como veleta prendida,
la satura en su misterio
de purpurina y de embrujo,
de marfil y de reflejos.”

se abrió un claro entre las nubes y la luna, preciosa y llena de luz, iluminó la escena. La lluvia era ya un recuerdo.

Concluye la procesión en la Carretera de los Cubos. El Hermano trepador hace la ofrenda, se oye por la megafonía la Encíclica del año, y los gritos de ¡Viva Genaro!, ¡Genarín, Genarín!, llenan la noche. La cofradía se retira para recoger todos los elementos de la procesión, se guardan .... Y comienza de nuevo el chaparrón.

Todo esto parecerá un hecho fortuito, acaso una casualidad, pero si en Sevilla, que este año llovió tanto que tuvieron que suspender la procesión de la Macarena, hubiese cesado de llover a la hora de la salida de la procesión y continuado lloviendo una vez que hubiese concluido, lo considerarían un milagro ( o por lo menos una intervención de la virgen de su devoción). Y si esto mismo sucede con Genarín, ¿porque no, si el hecho es el mismo?. Así pues, este es un milagro de Genarín en este año de gracia de Nuestro Padre Genarín del 2009.